Alberto Alarcón Ramírez
Estudiante de Bases Bioquímicas de la Nutrición Humana, Univ. de Málaga
El dilema del Ozempic: entre la promesa del cambio y la naturaleza humana
La sociedad humana y sus ideales de belleza no han hecho más que transformarse con el paso del tiempo. Cada época ha esculpido su propia imagen del cuerpo deseable. Lo que para los antiguos griegos representaba la armonía, un cuerpo con curvas, pleno, símbolo de salud y fertilidad, tal como se aprecia en la obra de Praxíteles, Afrodita de Cnido, hoy se percibe como algo que debe corregirse.
La mirada contemporánea, moldeada por pantallas, publicidad y métricas digitales, ha desplazado aquella concepción clásica hacia un ideal mucho más estrecho, literal y metafóricamente. En este vaivén histórico, los cuerpos nunca han dejado de ser un reflejo de valores culturales. Ya lo advirtió Nietzsche: «No existen hechos, solo interpretaciones», y pocas interpretaciones han resultado tan persistentes, cambiantes y poderosas como las que proyectamos sobre nuestra propia anatomía.
Hoy, en este paisaje de aspiraciones corporales mediadas por las imágenes y la representación, resuena con fuerza lo que Guy Debord ya denunciaba en los años sesenta en su obra La sociedad del espectáculo: «todo lo que una vez fue vivido directamente se ha convertido en una mera representación».
En este marco, donde la apariencia se convierte en mercancía y relato, irrumpe Ozempic, conocido clínicamente como semaglutida, un fármaco que, más allá de su uso original frente a la diabetes tipo 2 (DT2), se ha convertido en símbolo de la obsesión contemporánea por «arreglar» cuerpos según ideales externalizados. Sus promesas de pérdida de peso efectiva, amplificadas por historias virales y testimonios en redes sociales, lo sitúan en el centro de un debate que no es únicamente médico, sino también ético, social y filosófico.
La Bioquímica: La Semaglutida y el GLP-1
En lo que respecta a la biología, la semaglutida es un análogo estructural de una hormona que nuestro cuerpo produce de manera natural, el GLP-1. Esta hormona se secreta cada vez que a nuestro tracto digestivo llegan alimentos, cumpliendo tres funciones esenciales:
- Ralentiza el vaciado gástrico, asegurando que la digestión se realice correctamente y que los nutrientes se absorban de manera adecuada a nivel intestinal.
- Favorece la secreción de insulina, lo que mejora el control glucémico. Este efecto fue el objetivo principal durante el desarrollo de la semaglutida para el tratamiento de la DT2.
- Induce saciedad, es decir, reduce el apetito. Aunque el fármaco se diseñó inicialmente para la DT2, este efecto ha adquirido especial relevancia, ya que provoca que quienes lo utilizan tengan menos ganas de comer y, como consecuencia, pierdan peso.
La semaglutida, al ser muy similar al GLP-1, puede activar a los mismos receptores que esta hormona y, en consecuencia, desencadenar estos mismos efectos. No obstante, el fármaco presenta ciertas modificaciones a nivel de su secuencia que potencian estas respuestas biológicas que, de forma natural, el GLP-1 ejerce de forma moderada.
Además, se han observado acciones sumamente beneficiosas del fármaco a nivel cardiovascular y cerebral, e incluso se está investigando su posible papel como ralentizador del envejecimiento.
No todo lo que brilla es oro
Sin embargo, la semaglutida no es una excepción. Aunque sus efectos sobre la pérdida de peso y la mejora metabólica son prometedores, el fármaco también conlleva riesgos importantes. Uno de los más relevantes es el efecto rebote en el que, al suspender el tratamiento, muchas personas no solo recuperan el peso perdido, sino que incluso ganan más del que tenían antes.
Además, la popularidad de Ozempic ha dado lugar a un fenómeno preocupante: su uso y venta fuera del contexto médico, muchas veces con fines puramente estéticos, sin supervisión profesional ni control de posibles complicaciones.
En cuanto a la salud mental, tema que afortunadamente recibe cada vez más atención, hasta la fecha no existen pruebas sólidas de que la semaglutida aumente de manera sistemática el riesgo de depresión o suicidio; sin embargo, se han reportado casos aislados de cambios de ánimo, ansiedad y síntomas depresivos en personas con antecedentes psiquiátricos o que combinan el fármaco con otros medicamentos.
Todo esto subraya que, aunque Ozempic pueda parecer una solución rápida y efectiva, su uso debe evaluarse con precaución, bajo supervisión médica y considerando siempre la siguiente pregunta:
«¿Lo hacemos por nosotros o por la mirada insignificante de los demás?»
Artículo de Alberto Alarcón Ramírez para la asignatura Bases Bioquímicas de la Nutrición Humana, Universidad de Málaga.